lunes

Ángel González




Para que yo me llame Ángel González

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...



Ángel González 

Nació en Oviedo el 6 de septiembre de 1925 y falleció en Madrid en el 2008. Fue un reconocido poeta español que estuvo adscrito a la Generación del 50 y que supo con su poesía atravesar los límites del territorio español. En más de una ocasión, González fue invitado a dar conferencias sobre poética en otros países, tales como México, Venezuela o Chile. Además, formó parte de la Real Academia Española, ocupando el sillón de la letra "P".
En su obra puede encontrarse una fuerte contradicción, posiblemente porque los temas que toca son profundos e íntimos a la vez. Pero además ha sabido abordar cuestiones sociales con un lenguaje coloquial y con mucha ironía. Prestó especial atención a la Guerra Civil Española, otro de los acontecimientos que le marcó en la más tierna edad. Algunas de sus obras más reconocidas son "Sin esperanza, con convencimiento", "Tratado de urbanismo" y "Nada grave".
Como dato interesante acerca de este reconocido escritor, su poesía y su vida han servido como fuente de inspiración para muchos poetas, como Luis García Montero, que en su obra "Mañana no será lo que Dios Quiera" narra los primeros años de la vida de González.
Resumen: Tras una enumeración del tiempo y los avatares que han sido necesarios para alcanzar la existencia, el poeta expresa en tono existencial la desazón que le produce el aparente sinsentido de la vida, así como el asombro con que observa la tenacidad de la carne, que persevera en un impulso frenético condenado al fracaso.

Comentario: En la primera parte de esta silva arromanzada (vv. 1-12) el sujeto poético reflexiona sobre todo lo que ha tenido que acontecer para que su existencia, su identidad, hayan tenido lugar. Frente al individuo Ángel González nos hace considerar la ingente cantidad de hombres y mujeres que se han reproducido, generación tras generación, hasta llegar a él. Un largo tiempo y todo el ancho mundo han participado en «ese viaje milenario de la carne», una carne despersonalizada en el poema, como una fuerza ciega, irrefrenable, que atraviesa el tiempo y que ha quemado, por decírlo así, identidades. Nótese que no habla de sus antepasados conocidos, sino de carne, huesos, que formaron parte de personas de las que ya no queda ni rastro.

El poeta se presenta, por tanto, como el resultado, el mero fruto de un trayecto, de un impulso de la materia viva que ha dejado tras de sí muertos y naufragios. Visto de este modo, el ser humano no es más que «lo que queda podrido entre los restos», o «un escombro tenaz». Con estas metáforas para referirse a sí mismo el poeta adopta una distancia irónica tremendista acerca de la identidad del ser humano y el sentido de la vida. La vida es una fuerza, un impulso sobrehumano que deja a su paso ruina, escombros, muerte. El viento, de nuevo metáfora del paso del tiempo, se enfrenta a la existencia material del ser humano y resulta siempre vencedor. En cambio, lo vivo, la materia viviente, ha conseguido sobre ponerse a todos los fiascos. El individuo ha fracasado, ha nacido para sufrir y morir, consumido y abrasado. De ahí la estructura paradójica de los últimos versos: la vida, presentada desprovista de cualquier espiritualidad, ha triunfado a costa del sacrificio de los individuos y de sus aspiraciones.

El desaliento con el que termina el poema pertenece al hombre, mientras que la fuerza enloquecida es la de la vida. Los puntos suspensivos con los que termina el poema pueden dar a entender que el mismo impulso perdurará, terminando, consumiendo, aniquilando la persona de Ángel González, y que esto se prolongará de manera indeterminada a lo largo de los siglos.

http://poesiasecundaria.blogspot.com.es/2011/05/para-que-yo-me-llame-angel-gonzalez.html

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