lunes

María Victoria Atencia



Placeta de San Marcos
Amárrate. alma mía; sujétate a este mármol,
Sebastián de su trono, con cuantas cintas pueda
ofrecerte en Venecia la lluvia que te empapa.

Amárrate a este palo, alma Ulises, y escucha
-desde donde la plaza proclama su equilibrio-
el rugido de bronce que la piedra sostiene.
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María Victoria Atencia 
Nació en Málaga, el 28 de noviembre de 1931. Estudia en el Colegio de la Asunción y luego en el Colegio de la Sagrada Familia. Prosigue sus estudios en el Conservatorio. Conoce a Rafael León, Doctor en Derecho.
Publica su primer libro de poesía en 1953 con el título de Tierra mojada , libro nunca reeditado. Se casa con Rafael León en 1957 y al año nace su primer hijo, Rafael, y dos años más tarde nace Victoria.
Tras la publicación en 1961 de Arte y aparte inicia un paréntesis largo en su obra. En 1963 nace su tercer hijo, Álvaro, y Eugenia nace dos años después de éste. En 1971 obtiene el título de piloto de aviación y reanuda su labor literaria, entre otras maneras, colaborando con la revista Caracola.
En 1983, otra de sus pasiones sale a la luz en una exposición de grabados en la Diputación Provincial de Málaga. Con la publicación de Ex libris en 1984, se le da el lugar que merece tanto a ella como a su poesía generando interés por su obra.
Es académica numeraria de la Real Academia de Bellas Artes de San Telmo, de Málaga, y académicacorrespondiente de las Reales Academias de Cádiz, Córdoba, Sevilla y San Fernando; en la actualidad sigue publicando desde Málaga, donde reside. Tiene puesta su propia página en Internet.

Comentario
El poema es expresión de los deseos de la autora en relación con un lugar de Venecia, la plaza de San Marcos, en la que hay una serie de figuras artísticas. Es un poema de lenguaje culto, con numerosas referencias a la mitología griega, como el caso de Ulises atándose a la columna. También menciona a San Sebastián y su martirio, y utiliza al león, símbolo de San Marcos, patrono de la ciudad.

El poema está compuesto de dos tercetos con rima libre. Todo él es una optación (expresa deseos).
Poema considerado culto, breve y con muchas referencias a la historia del lugar, la placeta de San Marcos.
En la primera estrofa la autora teme quedar hechizada por la belleza del lugar como muchos otros antes, es por eso que pide a su alma que se ate a una columna de mármol, con "cuantas cintas puede ofrecerle Venecia". aqui quiere decir que no son pocas las cosas de Venecia que nos pueden gustar y obligarnos a quedarnos.
En la segunda y ultima estrofa nombra a Ulises ya que es la primera comparación que ha utilizado, cuando decía a su alma que se atara a una columna de mármol, lo comparaba con Ulises, que se ató a un palo para no responder a la llamada de las sirenas. Para terminar dice, el rugido de bronce que la piedra sostiene, que con este rugido se refiere a una estatua de un leon de bronce que hay en esta plaza, el leon és el simbolo de la ciudad. en esta frase encontramos una metáfora, "el rugido de bronce". El poema, al ser culto, cuesta un poco de entender pero una vez analizado se aprecia el ingenio que utiliza la autora para expresar sus deseos utilizando la mitología de Grecia. Al ser un poema breve transmite mucha información de una forma muy sintetizada, hecho que eleva la calidad del texto y de su autora.

Jaime Gil de Biedma




"Intento formular mi experiencia de la guerra" 


Fueron, posiblemente,
los años más felices de mi vida,
y no es extraño, puesto que a fin de cuentas
no tenía los diez años.

Las víctimas más tristes de la guerra
los niños son, se dice.
Pero también es cierto que es una bestia el niño:
si le perdona la brutalidad
de los mayores, él sabe aprovecharla,
y vive más que nadie
en ese mundo demasiado simple,
tan parecido al suyo.

Para empezar, la guerra
fue conocer los páramos con viento,
los sembrados de gleba pegajosa
y las tardes de azul, celestes y algo pálidas,
con los montes de nieve sonrosada a lo lejos.
Mi amor por los inviernos mesetarios
es una consecuencia
de que hubiera en España casi un millón de muertos.

A salvo de los pinares
-pinares de la Mesa, del Rosal, del Jinete!-,
el miedo y el desorden de los primeros días
eran algo borroso, con esa irrealidad
de los momentos demasiado intensos.
Y Segovia parecía remota
como una gran ciudad, era ya casi el frente
-o por lo menos un lugar heroico,
un sitio con tenientes de brazo en cabestrillo
que nos emocionaba visitar: la guerra
quedaba allí al alcance de los niños
tal y como la quieren.
A la vuelta, de paso por el puente Uñés,
buscábamos la arena removida
donde estaban, sabíamos, los cinco fusilados.
Luego la lluvia los desenterró,
los llevó río abajo.

Y me acuerdo también de una excursión a Coca,
que era el pueblo de al lado,
una de esas mañanas que la luz
es aún, en el aire, relámpago de escarcha,
pero que anuncian ya la primavera.
Mi recuerdo, muy vago, es sólo una imagen,
una nítida imagen de la felicidadretratada en un cielo
hacia el que se apresura la torre de la iglesia,
entre un nimbo de pájaros.
Y los mismos discursos, los gritos, las canciones
eran como promesas de otro tiempo mejor,
nos ofrecían
un billete de vuelta al siglo diez y seis.
Qué niño no lo acepta?

Cuando por fin volvimos
a Barcelona, me quedó unos meses
la nostalgia de aquello, pero me acostumbré.
Quien me conoce ahora
dirá que mi experiencia
nada tiene que ver con mis ideas,
y es verdad. Mis ideas de la guerra cambiaron
después, mucho después
de que hubiera empezado la postguerra.

*******

Jaime Gil de Biedma (1929-1990) 

Fue un poeta español de la Generación del 50. Dentro de este grupo se le adscribe además a la llamada Escuela de Barcelona, un conjunto de escritores catalanes unidos por la amistad y por la lucha antifranquista. Entre ellos destacaron el también editor Carlos Barral, Gabriel Ferrater, Juan Marsé y José Agustín Goytisolo.

aime Gil de Biedma nació en 1929 en el seno de unafamilia burguesa castellana radicada en Barcelona. Su padre se había trasladado a la capital catalana para trabajar en una compañía de tabacos, empresa en la que el propio poeta estuvo empleado muchos años. Gil de Biedma estudió Derecho en Barcelona y en Salamanca, donde obtuvo la licenciatura.

Recibió una esmerada 
educación y tuvo desde muy joven acceso a los grandes poetas en lengua francesa, como Baudelarie. En 1953 se trasladó a vivir a Oxford, lo que le ayudó a mejorar su conocimiento del inglés y le puso en contacto directo con la literatura anglosajona, hecho que ejercería una influencia determinante en su obra. A partir de 1955 trabajó en la empresa de tabacos familiar y pasó largas temporadas en el extranjero, especialmente en Manila (Filipinas).
Durante los últimos veinte años de su vida, Gil de Biedma fue un claro ejemplo de doble vida: por un lado, alto ejecutivo y burgués, todo un caballero de refinadas costumbres, amante de los lujos y la vida fácil; y por el otro, artistade la palabra. simpatizante del marxismo y abiertamente homosexual -aunque no al principio-. Estas contradicciones marcaron su compleja vida interior y le infundieron un gran pesimismo que le llevó a buscar diversas experiencias autodestructivas.
Buscando modelos diferentes a los de la poesía española de su tiempo, Gil de Biedma se carteó con uno de autores favoritos, el gran poeta de la Generación del 27 Luis Cernuda, que entonces vivía en el exilio y bastante olvidado. Otras de sus referencias fueron Jorge Guillén y Vicente Aleixandre, también miembros del grupo del 27.Su poesía suele llevar la etiqueta de poesía de la experiencia y se define como una lírica moderna, de gran perfección formal pero desnuda de rimas, de lenguaje preciso pero coloquial, abundante en episodios narrativos de la propia vida y con un tinte irónico que no excluye cierta intención moralizante. En este sentido, podemos destacar como ejemplo el poema Contra Jaime Gil de Biedma , en que el poeta se desnuda psicológicamente sin pudor.
Su obra poética es breve pero ha tenido un enorme impacto en la poesía hispánica de fines del siglo XX. Sus libros principales son: Compañeros de viaje (1959) que incluye la parte más social de su obra; Moralidades (1966), considerada su mejor obra, y Poemas póstumos (1968), en que muestra su personalidad desengañada. Finalmente, recogió sus poesías completas en Las personas del verbo (1975-1982). Además, publicó varios ensayos literarios y unas interesantes memorias tituladas Diario del artista seriamente enfermo (1974).
Gran poeta del amor, icono de la libertad de pensamiento, de la libertad sexual y del refinamiento literario, la figura de Gil de Biedma es hoy una de las que más atrae la atención de los poetas jóvenes. Murió, enfermo de SIDA, en Barcelona en 1990.

Comentario:

En este poema se hace un relato sentimental de los recuerdos infantiles del autor a propósito de la Guerra Civil Española. Lejos de Barcelona, Jaime Gil de Biedma pasó los años de la guerra con parte de su familia en un pueblo de Segovia, donde tenían su casa solariega.
Allí, a salvo de batallas y penurias, la guerra constituyó para él un motivo para jugar, para no ir a la escuela, para tener días y más días de libertad. Lejos de los bombardeos y las muertes, del hambre y la represión política, lejos de la lucha fratricida y terrible, la guerra fue para él, extrañamente, un periodo feliz y despreocupado, en el que apenas había algún pequeño sobresalto como el del río, del que salieron cadáveres de fusilados cuando llegó la primavera...
En este texto se nos muestra la infancia como un período feliz e inconsciente, en clara contradicción con la edad adulta, en la que el poeta será plenamente consciente de lo que ocurrió y rechazará firmemente tanto las muertes provocadas sin sentido como la ideología triunfante en la postguerra: las canciones del franquismo, la sumisión al poder militar, la represión política, la historia falseada por los vencedores -de ahí la idealización del Imperio Español-, etc.


Sobre Gil de Biedma:

http://www.rtve.es/television/imprescindibles/jaime-gil-de-biedma/

José Ángel Valente



EL POEMA

Si no creamos un objeto metálico
de dura luz,
de púas aceradas,
de crueles aristas,
donde el que va a vendernos, a entregarnos, de pronto
reconozca o presencie metódica su muerte,
cuándo podremos poseer la tierra.

Si no depositamos a mitad del vacío
un objeto incruento
capaz de percutir en la noche terrible
como un pecho sin término,
si en el centro no está invulnerable el odio,
tentacular, enorme, no visible,
cuándo podremos poseer la tierra.

Y si no está el amor petrificado
y el residuo del fuego no pudiera
hacerlo arder, correr desde sí mismo, como semen o lava,
para arrasar el mundo, para entrar como un río
de vengativa luz por las puertas vedadas,
cuándo podremos poseer la tierra.

Si no creamos un objeto duro,
resistente a la vista, odioso al tacto,
incómodo al oficio del injusto,
interpuesto entre el llanto y la palabra,
entre el brazo del ángel y el cuerpo de la víctima,
entre el hombre y su rostro,
entre el nombre del dios y su vacío,
entre el filo y la espada,
entre la muerte y su naciente sombra,
cuándo podremos poseer la tierra,
cuándo podremos poseer la tierra,
cuándo podremos poseer la tierra.


José Ángel Valente (1929-2000) fue un poeta, ensayista y traductor español nacido en Orense (Galicia). Se le adscribe habitualmente a la Generación del 50, junto a otros autores como Jaime Gil de Biedma o Ángel González.

Estudió Derecho en Santiago de Compostela y Filología Románica en Madrid. A sus 29 años se fue a vivir a Ginebra (Suiza), aunque también estuvo en Almería y París. Aquí en España, publicó un cuento “El uniforme del general”, que le dio muchos problemas en nuestro país, ya que coincidió con la dictadura franquista y le acusaron de ofender al ejército.
Adscrito en un primer momento al llamado Grupo poético de los 50 o Generacíón del medio siglo, desde 1966 su poesía evoluciona hacia una metapoesía que ha hecho que se suela adscribir su lírica a la llamada Poesía del silencio.
La escritura de Valente es muy ambiciosa y profunda, debido a su obsesión por el vacío y la nada; seguramente es causa de la muerte de su hijo, que le afectó gravemente. El lenguaje que usa simboliza su duda por la existencia.

Como se ha mencionado en el primer párrafo, José Ángel Valente también se dedicó a los ensayos, de los cuales destacan “Las palabras de la tribu”, “Hermenéutica y mística” y “Variaciones sobre el pájaro y la red”.
Por último, y para completar su vida como autor literario, hizo excelentes traducciones de poesías francesas y alemanas.


Poesía PAU 2014

http://www.germancanovas.com/lengua-castellana-y-literatura/el-texto-expresivo-l%C3%ADrico/poemas-del-siglo-xx/



Autor
Poema
Métrica
Rubén Darío
Canción de otoño en primavera
Serventesios eneasílabos rematados por un eneasílabo suelto.
Antonio Machado
Campos de Soria
Casi todos los fragmentos son silvas arromanzadas. Solamente el fragmento VI no es una silva arromanzada y se trata de varias combinaciones de octosílabos.
Antonio Machado
Proverbios y cantares
Coplas
Juan Ramón Jiménez
Álamo blanco
Cuartetas asonantes de arte menor.
Juan Ramón Jiménez
El nombre conseguido de los nombres
Versificación libre, sin rima.
Pedro Salinas
El alma tenías
Tirada de hexasílabos que presentan alguna asonancia
Jorge Guillén
Más allá
Coplas de versos heptasílabos, rima asonante en versos pares
Gerardo Diego
Romance del Duero
Romance, es decir, combinación de versos  octosílabos con rima asonante en los pares
Federico García Lorca
Romance de la luna, luna
Romance, es decir, combinación de versos  octosílabos con rima asonante en los pares
Federico García Lorca
Cuidad sin sueño
Versículos
Dámaso Alonso
Insomnio
Versículos
Vicente Alexandre
Se Querían
Versos de medida variable, pero predomina el alejandrino y presenta algunas asonancias
Rafael Alberti

Si mi voz muriera en tierra
Octosílabos con varias asonancias
Luis Cernuda
Donde habite el olvido
Silva sin rima 
Miguel Hernández
Elegía
Tercetos encadenados endecasílabos, rematados por un serventesio
Gabriel Celaya
La poesía es una arma cargada de futuro
Poema anisosilábico con tendencia al verso largo y numerosas rimas de aparición irregular
Blas de Otero
En el principio de Pido la paz y la palabra
Silva arromanzada
Ángel González
Para que yo me llame Ángel González
Silva arromanzada
José María Valverde
En el principio
Tirada de versos eneasílabos sin rima
José ángel Valente
El poema
Silva sin rima
Jaime Gil de Biedma
Intento formular mi experiencia de la guerra
Silva sin rima
María Victoria Atencia
Placeta de San Marcos
Tercetos alejandrinos sin rima

José María Valverde




                          En el principio


De pronto arranca la memoria,
sin fondos de origen perdido;
muy niño viéndome una tarde
en el espejo de un armario
con doble luz enajenada
por el iris de sus biseles,
decidí que aquello lo había
de recordar, y lo aferré,
y desde ahí empieza mi mundo,
con un piso destartaado,
las vagas personas mayores
y los miedos en el pasillo.
Años y años pasaron luego
y al mirar atrás, allá estaba
la escena en que, hombrecito audaz,
desembarqué en mí, conquistándome.
Hasta que un día, bruscamente,
vi que esa estampa inaugural
no se fundó porque una tarde
se hizo mágica en un espejo,
sino por un toque, más leve,
pero que era todo mi ser:
el haberme puesto a mí mismo
en el espejo del lenguaje
doblando sobre sí el hablar,
diciéndome que lo diriía,
para siempre vuelto palabra,
mía y ya extraña, aquel momento.
Pero cuando lo comprendí
era ya mayor, hombre de libros,
y acaso fue porque en alguno
leí la gran perogrullada:
que no hay más mente que el lenguaje,
y pensamos solo al hablar,
y no queda más mundo vivo
tras las tierras de la palabra.
Hasta entonces, niño y muchacho,
creí que hablar era un juguete,
algo añadido, una herramienta,
un ropaje sobre las cosas,
un caballo con que correr
por el mundo, terrible y rico,
o un estorbo en que se aludía
a lo lejos, a ideas vagas:
ahora, de pronto, lo era todo,
  igual que el ser de carne y hueso,
nuestra ración de realidad,
el mismo ser hombre, poco o mucho.

José María Valverde
Tras doctorarse en Filosofía y Letras en Madrid, se trasladó a la Universidad de Roma como lector de español. Valverde se situó pronto entre la intelectualidad opuesta al franquismo. En los años siguientes, Valverde alternó sus estancias en universidades de Estados Unidos y Canadá con su trabajo de asesor editorial, en especial para la editorial Planeta.
Su producción poética se inició pronto, e intensamente, a los trece o catorce años. Colaboró tempranamente en las revistas GarcilasoProel y Mensaje, inscribiéndose momentáneamente en el grupo literario de la Juventud Creadora, aglutinado hacia 1939. Antes de cumplir los veinte años apareció su primer libro de poemas: Hombre de Dios (1945), emergencia de su personal voz poética, de una religiosidad agónica y en perpetua desazón, en busca de un Dios rastreado con impaciencia. En 1949 publicó La espera, poemario en el que la influencia de Machado, y de poetas hispanoamericanos como Vallejo, Neruda y otros, le lleva a intentar una poesía más temporal, cercana a la cotidianeidad, un viraje hacia las cosas y hacia la palabra en su concreción. Tal evolución se confirmó en Versos del domingo (1954), libro surgido durante su estancia en Italia, que ahonda en la comunión con los seres anónimos y marginados de la multitud, en una superación del miedo a la realidad, al tiempo que experimenta con estructuras formales complejas. Su siguiente libro de poesía, Voces y acompañamientos para San Mateo, aparece en 1959. En la misma línea, Valverde publicó, en 1960, una traducción de los Evangelios en prosa diaria y corriente, bajo el título Las Buenas Noticias del Reino de Dios. También en 1960 apareció su siguiente poemario: La conquista de este mundo.
Especial mención merece su amplia labor como traductor, que le valió, en su conjunto, el Premio Nacional de Traducción en 1990.
Su magisterio indiscutible (muchos recuerdan la fascinación que ejercía desde su cátedra) y su figura de hombre íntegro y comprometido, sin alharacas ni exhibicionismos, con la justicia y la libertad, colocan a Valverde en lugar muy destacado entre la intelectualidad española de la segunda mitad del siglo XX.

Ángel González




Para que yo me llame Ángel González

Para que yo me llame Ángel González,
para que mi ser pese sobre el suelo,
fue necesario un ancho espacio
y un largo tiempo:
hombres de todo mar y toda tierra,
fértiles vientres de mujer, y cuerpos
y más cuerpos, fundiéndose incesantes
en otro cuerpo nuevo.
Solsticios y equinoccios alumbraron
con su cambiante luz, su vario cielo,
el viaje milenario de mi carne
trepando por los siglos y los huesos.
De su pasaje lento y doloroso
de su huida hasta el fin, sobreviviendo
naufragios, aferrándose
al último suspiro de los muertos,
yo no soy más que el resultado, el fruto,
lo que queda, podrido, entre los restos;
esto que veis aquí,
tan sólo esto:
un escombro tenaz, que se resiste
a su ruina, que lucha contra el viento,
que avanza por caminos que no llevan
a ningún sitio. El éxito
de todos los fracasos. La enloquecida
fuerza del desaliento...



Ángel González 

Nació en Oviedo el 6 de septiembre de 1925 y falleció en Madrid en el 2008. Fue un reconocido poeta español que estuvo adscrito a la Generación del 50 y que supo con su poesía atravesar los límites del territorio español. En más de una ocasión, González fue invitado a dar conferencias sobre poética en otros países, tales como México, Venezuela o Chile. Además, formó parte de la Real Academia Española, ocupando el sillón de la letra "P".
En su obra puede encontrarse una fuerte contradicción, posiblemente porque los temas que toca son profundos e íntimos a la vez. Pero además ha sabido abordar cuestiones sociales con un lenguaje coloquial y con mucha ironía. Prestó especial atención a la Guerra Civil Española, otro de los acontecimientos que le marcó en la más tierna edad. Algunas de sus obras más reconocidas son "Sin esperanza, con convencimiento", "Tratado de urbanismo" y "Nada grave".
Como dato interesante acerca de este reconocido escritor, su poesía y su vida han servido como fuente de inspiración para muchos poetas, como Luis García Montero, que en su obra "Mañana no será lo que Dios Quiera" narra los primeros años de la vida de González.
Resumen: Tras una enumeración del tiempo y los avatares que han sido necesarios para alcanzar la existencia, el poeta expresa en tono existencial la desazón que le produce el aparente sinsentido de la vida, así como el asombro con que observa la tenacidad de la carne, que persevera en un impulso frenético condenado al fracaso.

Comentario: En la primera parte de esta silva arromanzada (vv. 1-12) el sujeto poético reflexiona sobre todo lo que ha tenido que acontecer para que su existencia, su identidad, hayan tenido lugar. Frente al individuo Ángel González nos hace considerar la ingente cantidad de hombres y mujeres que se han reproducido, generación tras generación, hasta llegar a él. Un largo tiempo y todo el ancho mundo han participado en «ese viaje milenario de la carne», una carne despersonalizada en el poema, como una fuerza ciega, irrefrenable, que atraviesa el tiempo y que ha quemado, por decírlo así, identidades. Nótese que no habla de sus antepasados conocidos, sino de carne, huesos, que formaron parte de personas de las que ya no queda ni rastro.

El poeta se presenta, por tanto, como el resultado, el mero fruto de un trayecto, de un impulso de la materia viva que ha dejado tras de sí muertos y naufragios. Visto de este modo, el ser humano no es más que «lo que queda podrido entre los restos», o «un escombro tenaz». Con estas metáforas para referirse a sí mismo el poeta adopta una distancia irónica tremendista acerca de la identidad del ser humano y el sentido de la vida. La vida es una fuerza, un impulso sobrehumano que deja a su paso ruina, escombros, muerte. El viento, de nuevo metáfora del paso del tiempo, se enfrenta a la existencia material del ser humano y resulta siempre vencedor. En cambio, lo vivo, la materia viviente, ha conseguido sobre ponerse a todos los fiascos. El individuo ha fracasado, ha nacido para sufrir y morir, consumido y abrasado. De ahí la estructura paradójica de los últimos versos: la vida, presentada desprovista de cualquier espiritualidad, ha triunfado a costa del sacrificio de los individuos y de sus aspiraciones.

El desaliento con el que termina el poema pertenece al hombre, mientras que la fuerza enloquecida es la de la vida. Los puntos suspensivos con los que termina el poema pueden dar a entender que el mismo impulso perdurará, terminando, consumiendo, aniquilando la persona de Ángel González, y que esto se prolongará de manera indeterminada a lo largo de los siglos.

http://poesiasecundaria.blogspot.com.es/2011/05/para-que-yo-me-llame-angel-gonzalez.html

Blas de Otero






En el principio
Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los ojos para desgarrármelos,
me queda la palabra.

BLAS DE OTERO

El contenido social de la poesía de Otero

El escritor vasco Blas de Otero es, en opinión de amplios sectores de la crítica, el poeta lírico más relevante en el panorama de la poesía contemporánea española. Nació en Bilbao en 1916. Hizo el Bachillerato en Madrid y cursó la carrera de Derecho, que nunca ejerció. Fue Premio Boscán de poesía (1950, Redoble de conciencia) y Premio Fastenrath.

Otero se ha mantenido al margen de grupos literarios siguiendo un camino muy personal, aunque en él aparecen las tendencias en las que crecen y maduran los nuevos poetas de la posguerra: poesía de tono religioso; poesía de intención anticlasicista y antiformalista (poesía “desarraigada”, en denominación de Dámaso Alonso), en respuesta al neogarcilasismo de José García Nieto y otros poetas de la llamada “Juventud Creadora” -años 1939-1944 aproximadamente-, e iniciada en 1944 con dos grandes libros: Sombra del paraíso, de Vicente Aleixandre, e Hijos de la ira, de Dámaso Alonso, libros que traen una poesía más humana y auténtica; y la que se ha llamado poesía “social”. Blas de Otero queda inmerso en estas tres tendencias, pero sin dependencia, sin ser en ninguna de ellas un mero seguidor de una moda poética.

Otero pretende huir del famoso lema de Juan Ramón Jiménez “A la minoría siempre” o “A la inmensa minoría”, y se dirige “A la inmensa mayoría” (dedicatoria que estampa al frente de uno de sus libros), a esa inmensa mayoría de hombres que, al igual que el poeta, nacen, viven, aman, sufren y mueren, en un mundo como un árbol desgajado.

La trayectoria poética de Otero en lo temático e ideológico apunta con seguridad a una meta: la progresiva inclusión del poeta en el “nosotros”, su olvido de sí mismo para perderse en el mar del “nosotros”, en esa fronda de turbias frentes y sufrientes pechos. Como señala el profesor Alarcos Llorach, la poesía es para Blas de Otero labor de apostolado “de sumergimiento en la inmensa mayoría, de poner el dedo en las llagas que padece y sufrirlas con ella, de manera que así despierte y comience a levantar las ruinas <...>. La obra de Otero es, pues, una tarea de por vida, de despertador de la conciencia humana, de apelación a la íntima verdad.”

En los pocos títulos publicados, la poesía de Otero se nos revela como una de las que presentan un mayor aprovechamiento de todos los recursos expresivos que ofrece la lengua, así como una íntima simbiosis entre contenido y expresión. Los siguientes títulos son el reflejo de su primera etapa poética:

- Ángel fieramente humano (Ínsula, Madrid, 1950).
- Redoble de conciencia (Instituto de Estudios Hispánicos, Barcelona, 1951).
- Ancia (A. P. Editor, Barcelona, 1958), que contiene refundidos los dos libros anteriores y casi medio centenar de nuevos poemas.

Y estos otros títulos corresponden a su segunda época:

- Pido la paz y la palabra (Cantalapiedra, Torrelavega, 1955).
- En castellano (con traducción francesa, Parler clair, de CI. Couffon, Seguers, París, 1959)
- Que trata de España (Ruedo Ibérico, París, 1964).
- Esto no es un libro (obra editada en 1963 por la Universidad de Puerto Rico, con poemas procedentes de unas y otras colecciones)

Y de su labor como prosista, la editorial Alfaguara ha publicado Expresión y reunión (Madrid, 1969) e Historias fingidas y verdaderas (Madrid, 1970).